La presencia de Su Majestad el Rey en el Parlamento Europeo para conmemorar el cuarenta aniversario de la entrada de España en la Unión Europea no fue solo un acto institucional de alto nivel, sino una reafirmación solemne de la vocación europea del país. Cuatro décadas después de aquella decisión histórica de 1986, España compareció ante la Eurocámara con la autoridad que da el tiempo, la experiencia y una trayectoria de compromiso firme con el proyecto común europeo.
El discurso del Rey se articuló como una reflexión profunda sobre lo que ha significado Europa para España y lo que España ha aportado a Europa. Desde la consolidación de la democracia hasta el desarrollo económico, social y territorial, la integración europea ha sido uno de los pilares fundamentales del progreso español contemporáneo. La adhesión no fue únicamente un hito político, sino una apuesta estratégica por los valores de libertad, cooperación y solidaridad que definen a la Unión.
Su Majestad subrayó que la Unión Europea es, ante todo, un proyecto de convivencia. Un espacio donde las diferencias se gestionan desde el diálogo y donde la unidad no elimina la diversidad, sino que la protege. En un contexto internacional marcado por la incertidumbre, los conflictos armados y el cuestionamiento del multilateralismo, el Rey recordó que Europa sigue siendo un referente de estabilidad, derechos y prosperidad compartida.
El mensaje real insistió en que los desafíos actuales exigen más Europa, no menos. La defensa de la democracia, la seguridad común, la transición ecológica, la transformación digital y la cohesión social solo pueden abordarse eficazmente desde la unidad. La fragmentación, advirtió implícitamente, debilita a los Estados y erosiona la capacidad colectiva para proteger a los ciudadanos europeos.
España, afirmó el Rey, es hoy un país profundamente europeo, no solo por pertenencia jurídica, sino por convicción histórica y cultural. La generación que impulsó la adhesión entendió que Europa era el horizonte natural de una nación que deseaba cerrar definitivamente las heridas del pasado y proyectarse hacia el futuro. Cuarenta años después, ese convencimiento sigue vigente y se renueva ante cada reto común.
El discurso también tuvo una dimensión de responsabilidad. Europa no puede conformarse con preservar lo alcanzado, sino que debe seguir avanzando. Defender el Estado de derecho, garantizar la igualdad entre ciudadanos, reforzar las instituciones y escuchar a la sociedad son tareas permanentes. El Rey apeló a una Unión que no pierda el pulso ciudadano ni renuncie a su papel en el mundo.

La intervención concluyó con una llamada a la confianza. Confianza en el proyecto europeo, en su capacidad de adaptación y en la fuerza de la unidad. España, como recordó Su Majestad, seguirá contribuyendo activamente a una Europa más justa, más fuerte y más cohesionada, fiel a sus valores fundacionales.
Cuarenta años después de la adhesión, la imagen del Rey en la Eurocámara simboliza la continuidad institucional del Estado y el compromiso inquebrantable de la Corona con Europa. No como una opción coyuntural, sino como una elección estratégica que define la identidad, el presente y el futuro de España dentro de la gran familia europea.

