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El intento del Rey Alfonso XIII para salvar a la Familia Imperial Rusa

El 2 de marzo del 2017 se cumplieron cien años de la abdicación de Nicolás II de Rusia. Tal vez en los momentos en los que cedió el poder y se formó un Gobierno Provisional liderado por Gueorgui Lvov, y luego por Alexander Kerensky, la Familia Imperial no alcanzó a ver la magnitud de lo que iba a ocurrir.

Inmediatamente después de la abdicación, se iniciaron negociaciones para la ex filtración de la familia Romanov, sobre todo desde los dos países que por aquel entonces eran lo suficientemente fuertes como para negociar con el nuevo gobierno ruso: Reino Unido y Alemania. Los monarcas de estos países estaban unidos por sendos lazos familiares con los Romanov: por un lado, Jorge V de Reino Unido era primo hermano del zar (sus madres eran hermanas) y también primo de la zarina (ambos eran nietos de la reina Victoria I); por su parte, Guillermo II de Alemania era primo hermano de la zarina y su hermano, el príncipe Enrique Alberto, estaba casado con Irene de Hesse-Darmstadt, hermana de la zarina.

Rápidamente el gobierno de Londres, a través del Foreign Office (Ministerio de Asuntos Exteriores), envió un comunicado a Rusia: “cualquier violencia infringida al emperador o su familia produciría un efecto sumamente deplorable e indignaría a la opinión pública de este país”. Se iniciaron conversaciones entre Londres y Moscú sobre el destino de la Familia Imperial una vez se produjo la abdicación de Nicolás. Parece que, a primera vista, el Gobierno Provisional de Rusia quería exiliar a los Romanov para evitar que se formase un movimiento contrarrevolucionario y el antiguo zar fuese utilizado como cabeza de turco. Por ello, el 22 de marzo de 1917, se llevó a cabo en Reino Unido una reunión del Consejo de Ministros y otra reunión formada por el Primer Ministro, Lloyd George, el secretario del Rey, Lord Stamfordham, y el Subsecretario del Foreign Office, Lord Hardinge. De las reuniones, y tras sendas discusiones, se dio un comunicado oficial enviado a Rusia: “En respuesta a la petición formulada por el Gobierno ruso, el rey y el Gobierno de Su Majestad, se apresuran a ofrecer al emperador y a la emperatriz, asilo en Inglaterra al que se espera se acojan durante la guerra.”

Pero el Gobierno de Jorge V dio órdenes exactas a George Buchanan, embajador británico en Rusia “a fin de evitar cualquier duda que pueda suscitarse en el futuro acerca del motivo por el que se concede asilo… debe hacer hincapié en que esta oferta responde enteramente a la iniciativa del Gobierno ruso”.

Lo que querían era que en todo momento pareciese que el asilo político que ofrecían a Nicolás y a su familia fuese por una petición dada por el gobierno de Rusia. En esos momentos de guerra, al Reino Unido le interesaba el rescate de la familia, no solo por la petición que Jorge V, sino porque una posible contrarrevolución contra el gobierno ruso, podía favorecer a Alemania, enemigo inglés en la Guerra Mundial, y mientras el zar estuviese en suelo ruso, ese movimiento contrarrevolucionario estaría más vivo.

Mientras estas negociaciones se estaban llevando a cabo, la Familia Imperial seguía encerrada en Tsarkoie Tseló. El Gobierno Provisional, ya liderado por Kerenski, deseaba exiliar a los Romanov por miedo a que se produjese un atentado por parte del Soviet de Petrogrado, pues los extremistas se negaban al exilio de la imperial familia. Pero en esos momentos ocurrieron varias cosas que paralizaron las negociaciones: las grandes duquesas enfermaron de sarampión y veían imposible un traslado inmediato; pero lo peor era la repentina y extraña negativa del rey de Inglaterra a acoger a sus primos. Realmente no se explican los motivos de Jorge V para este cambio repentino, precisamente porque desde primera hora fue él quien presionó a su Gobierno para negociar con Rusia. Se ha planteado que tal vez la oposición del Partido Laborista o los sondeos de la opinión pública, que sentían repudio hacia lo alemán por ser enemigos de guerra (recordemos que la propia Familia Real Británica tuvo que sustituir su apellido “Sajonia-Coburgo-Gotha” a “Windsor” por esa germanofobia que imperó en Reino Unido). Ese miedo a comprometerse de Jorge V, que presionó todo lo que pudo dentro de sus poderes constitucionales a su Gobierno, hizo que se plantease el exilio en otros países, barajándose dos posibilidades: Francia y España.

El Gobierno de Londres preguntó a su Embajador en París, Lord Bertie, si el pueblo francés acogería de buen grado a los Romanov, y la respuesta del embajador no pudo ser más negativa: “No creo que el ex emperador y su familia fueran bien recibidos en Francia. La emperatriz no es solo boche de nacimiento, sino también por sentimientos. Ella hizo todo lo que pudo por llegar a un entendimiento con Alemania. Aquí la consideran una criminal o una loca criminal, y el emperador, un criminal por su debilidad y su sumisión a sus mandatos.”

EL REY DE ESPAÑA SE PREOCUPA

Felipe VI Letizia Leonor Sofia Juan Carlos Reino de España Casa Real españolaTal vez poca gente sepa que el Rey Alfonso XIII intentó con todas sus fuerzas rescatar a los soberanos rusos. España durante la Primera Guerra Mundial se mantuvo neutral y el Rey Alfonso reivindicó los esfuerzos humanitarios, creando una oficina especial en la que trabajaban 50 empleados, que se especializó en buscar víctimas de guerra desaparecidos y ofrecerles ayuda (se calcula que ayudó a unos 136.000 prisioneros de guerra y repatrió a más de 70.000 civiles). Esto hizo que, más tarde, el Rey de España recibiera la Gran Cruz de la Orden de Beneficencia y dijese esa famosa frase: “No soy yo quien debería llevar esta condecoración, sino España.”

No es extraño entonces, que Alfonso de Borbón estuviese interesado en la familia Romanov. Hay que recordar que estaba casado con Victoria Eugenia de Battenberg, prima hermana de la zarina, y también que ambas soberanas eran portadoras del gen de la hemofilia que transmitieron a sus hijos: la zarina al zarévich Aleksei, y Victoria Eugenia a los infantes Alfonso y Gonzalo (solo Don Juan, abuelo del actual Rey de España Felipe VI, fue el único hijo varón del matrimonio que nació sano). Esta unión especial entre ambas Casas Reales hizo que cuando Neklioudov, nuevo Embajador del Gobierno Provisional de Rusia en España presentó sus credenciales al monarca, este le expresase sus deseos personales sobre la suerte de los Romanov.

Pero la historiografía española parece que ha olvidado el gran esfuerzo que el Rey de España hizo en aquellos momentos por Nicolás y su familia. No solo realizó esa petición al embajador ruso, sino que presionó a Arthur Hardinge, Embajador de Reino Unido en España, para que hablase con Buckingham y el Gobierno de Londres para proteger a los Romanov. Esta petición del Rey español se hizo justo en el momento en el que el Gobierno de Reino Unido plantease que era mejor que los Romanov fuesen a otro país.

El 13 de abril de 1917, Lloyd George, en una reunión del Gabinete, informó que España sería un país mucho mejor para el asilo de la Familia Imperial, pues la neutralidad española era algo ventajoso tanto para los rusos como para el resto de países. Inmediatamente, el Rey Alfonso XIII solicitó a sus ministros que llegasen a un acuerdo con sus homólogos británicos para que, conjuntamente con el Gobierno Provisional, se iniciase la evacuación de los Romanov vía Finlandia para luego pasar a Suecia y finalmente a Inglaterra.

Escribió directamente a los reyes de Dinamarca, Noruega y Suecia, proponiéndoles que un barco de guerra español fuese enviado al Mar del Norte para rescatar a la familia. El Rey Haakon VII de Noruega era primo hermano del zar Nicolás, al igual que el Rey Cristian X de Dinamarca. Por su parte, Gustavo V de Suecia, y su esposa, la reina Victoria, también estaban muy interesados en la salida de los Romanov de Rusia.

Hasta aquí es lo que la historia oficial habla de todo este plan de rescate. Luego de esto, en octubre de 1917 el Gobierno Provisional de Kerensky cayó y poco después Lenin llegaba al poder. En julio de 1918, los Romanov, que estaban prisioneros en Ekaterimburgo, desaparecieron de la faz de la tierra, según la oficialidad, fusilados en el sótano de la Casa Ipatiev.

Es por ello que resulta extraño que, aun habiendo sido supuestamente asesinada toda la Familia Imperial, el Rey de España siguiera con sus gestiones para rescatarlos. Alfonso XIII continuó realizando un esfuerzo diplomático sin precedentes, manteniendo contacto con varios miembros de la realeza europea para diseñar un plan que permitiese a los Romanov escapar y refugiarse en Madrid. Testigo de ello son las cartas que seguía enviando a la princesa Victoria de Milfford Haven, hermana de la zarina Alejandra, abuela del actual Duque Felipe de Edimburgo, esposo de la reina Isabel II de Inglaterra.

También en días posteriores a la fecha del supuesto asesinato de la Familia Imperial, el Gobierno de España informó al Quai d’Orsay (Ministerio de Asuntos Exteriores de Francia), que los mediadores españoles ya estaban en contacto con los bolcheviques.

El historiador Carlos Seco Serrano, catedrático en Historia Contemporánea y decano de la Real Academia de Historia, estuvo un tiempo investigando el archivo personal de Eduardo Dato, Ministro de Asuntos Exteriores en época del Rey Alfonso XIII. En una carta escrita por Alfonso Merry de Val, Embajador de España en Londres desde 1913 a 1931, y enviada a Eduardo Dato, se relatan hechos que hacen pensar que todavía en el mes en agosto, la emperatriz y sus hijos seguían vivos y que España quería rescatarlos a toda costa. Valga decir que Alfonso Merry de Val, que tenía contacto directo con el Rey Jorge V, era hermano del Cardenal Rafael Merry de Val, quien fuera Secretario de Estado de la Santa Sede bajo el mandato del Papa Pío X. Por lo tanto, era un hombre con múltiples contactos en las más altas esferas diplomáticas y sus palabras debían ser tomadas en cuenta. La carta dice lo siguiente:

“4 de agosto de 1918.
Mi querido amigo y jefe: la interrupción que sufrió nuestra conversación de ayer, me impidió someter a V. una idea de cierta importancia y urgencia, relacionada con la gestión por usted iniciada a favor de la viuda e hijas del infortunado ex emperador de Rusia.

La madre de dicho soberano ha quedado en manos de los soviets, y lo que es peor, de la soldadesca bolchevista. Hace unas tres o cuatro semanas telegrafié a Vd, que desde el mes de febrero no se tenía de esa anciana princesa noticia alguna. En aquella época se sabía que era objeto de insultos diarios por parte de los indisciplinados soldados que la custodiaban y que diariamente hacían irrupción en sus habitaciones, donde era objeto de las más groseras ludibrias, a la vez que se veía reducida a la mayor miseria a pesar de sus años y de un pasado intachable.

¿No habría medio de comprender a esta augusta señora en la proyectada negociación? Es, como usted sabe, hermana de la reina Alejandra, madre del rey Jorge V, y una gestión a su favor habría de hacer más aceptable a la real familia británica y al pueblo inglés la que se prepara para la liberación de la emperatriz Alicia.

Esta última, me consta por testimonio directo, está muy mal vista lo mismo en palacio que por la opinión pública. Se la considera como agente consciente o inconsciente de Alemania, y principal, aunque ciertamente involuntaria, causante de la revolución, por los malos consejos que daba a su esposo, a quien dominaba completamente, evitando que hiciera las concesiones que se supone hubieran salvado al trono imperial y a Rusia misma.

Tan profundo y vivo es el odio contra la desdichada emperatriz en Inglaterra, que una acción exclusiva a su favor fácilmente se podría interpretar como inspirada desde Berlín con el deseo de amparar a quien bien sirvió los intereses alemanes.

Claro es, que no se hace callar la voz de la Humanidad y de la consideración hacia unas mujeres desgraciadas y amenazadas y no prevé a la menor oposición a la hermosa iniciativa española, pero desde luego ha de resultar esta más grata y menos sospechosa si se le da la forma que me permito sugerir.

He de añadir que el resentimiento fundado o injustificado, pero sumamente fuerte contra la emperatriz Alicia, llega hasta el extremo de excluir toda posibilidad de que vaya a residir en el Reino Unido.”
[…]
Firma: Alfonso Merry de Val, Embajador de España en Londres.

Pero la cosa no se detiene aquí. El 8 de agosto, unos veinte días después del supuesto asesinato de la Familia Imperial de Rusia, el periódico ABC de España, publicó la siguiente noticia:

“EL GOBIERNO RUSO CONSIENTE QUE VENGA A ESPAÑA LA FAMILIA DEL EX-ZAR: París, 7, 6 tarde. Telegrafían de Amsterdam que el Hamburger Frendemblatt dice que los bolcheviques han consentido en la salida para España de la ex Zarina y sus hijas. Las negociaciones respecto a las garantías pedidas siguen su curso.”

El Rey Alfonso XIII seguía en contacto con reyes y presidentes de varios países para el traslado.

El 13 de agosto envió un cable al emperador Guillermo II de Alemania, donde le pidió unir fuerzas para rescatarlos. Alemania, que contaba con una grandísima cantidad de espías en Rusia, confirmaba que, al menos, la zarina y sus hijos seguían vivos en el otoño de 1918. El 16 de agosto llegó a España el siguiente comunicado desde Berlín: “en conversación hoy con el Secretario de Estado interino, me dice que el Gobierno Imperial no tiene inconveniente por su parte en que la ex emperatriz viuda, el Príncipe Imperial de Rusia y hermanas, aprovechen hospitalidad ofrecida por Su Majestad el Rey.”

Como se ve en el anterior mensaje, Berlín tenía la certeza de que tanto la zarina Alejandra, como el zarévich Aleksei y sus hermanas seguían con vida en el mes de agosto.

Lo bueno que ofrecía España para trasladarlos hasta allí, es que estaba lejos de Rusia y se mantenía neutral ante todo conflicto bélico, ofreciendo garantías de que los Romanov no se involucrarían en ninguna actividad política por parte de los exiliados rusos o los blancos.

Pero, por si todo esto no fuera poco, vemos también cómo El Vaticano entró en el juego. El 11 de agosto de 1918, el Osservatore Romano informó: “el Pontífice ha ofrecido sufragar cuantos gastos origine el traslado de Rusia a España de la familia de Nicolás II, habiendo pedido a los Gabinetes a quienes afecta despachen lo antes posible el asunto, por motivos de humanidad”. Giovanni Pacelli (futuro Papa Pío XII), que era entonces Nuncio Apostólico en Baviera, recibió órdenes del Papa Benedicto XV para que informase al Gobierno de Alemania que el Santo Padre apoyaba toda negociación de liberación de la familia del zar.

En un boletín oficial, el 19 de agosto de 1918, se publicó en Berlín: “en las últimas deliberaciones celebradas en el Kremlin, se trató de la petición del Papa presentada por el metropolitano Freiherr doctor Repp, solicitando la liberación de la zarina con sus cuatro hijas. Según comunican de Estocolmo, parece que los comisarios nacionales se mostraron en el fondo conformes a acceder a los deseos del Papa, con ciertas condiciones. La resistencia a la libertad de la zarina ha quedado casi vencida”.

Tan vehemente y extensa fue la intervención del Rey Alfonso XIII en el asunto del rescate de los Romanov, que llegó incluso a unir a las dos ramas de los Borbones, que se encontraban enfrentadas por el trono de España: la legitimista y la carlista, pues Alfonso XIII estuvo en contacto y pidió ayuda a su primo, el carlista Jaime de Borbón, que había sido miembro del ejército zarista y en aquella época vivía en Viena. Desde el Gabinete Telegráfico del Palacio Real se envió el siguiente comunicado: “Te agradezco apoyo gestión familia Imperial. Te saluda tu primo. Alfonso R.”

En septiembre de 1918, Justo Garrido Cisneros, Encargado de Negocios Español en Petrogrado (San Petersburgo), envió un comunicado a Polo de Bernabé, Embajador de España en Berlín, donde le informó que se había reunido con el Comisario de Asuntos Exteriores de Rusia, adjunto de Georgi Chicherin, Ministro de Asuntos Exteriores para tratar el asunto de las mujeres Romanov. En todo momento, el representante de España estuvo acompañado, como testigo, por el Embajador de los Países Bajos en Rusia. El telegrama que Polo Bernabé envió a España, decía lo siguiente:

“6 de septiembre.

Encargado de Negocios Petrogrado me ruega transmita a V.E. telegrama siguiente: ‘Nº111. Comisario del Pueblo nos ha recibido una hora después de la señalada en un inmundo local que sirve de Ministerio de Negocios Extranjeros acompañado de otro israelita que es su adjunto. Le expuse humanitaria aspiración de nuestro Soberano asegurándole que no se trataba de intervenir en asuntos de Rusia, sino que la Familia Imperial permaneciera en España alejada de todo movimiento contrarrevolucionario […] Sostuvo que nuestro país se convertiría en foco de reacción contra-revolucionaria del proletariado internacional que ellos esperan de un momento a otro. Representante de Países Bajos y yo protestamos de esta absurda proposición, tratando de convencerle de que en ninguna parte se hallaría la Familia Imperial más imposibilitada de toda acción política […]Después de penosísima discusión y grandes esfuerzos, obtuve que se sometería nuestra petición en primera sesión del Consejo Central Ejecutivo […]”

El Rey Alfonso XIII, meses más tarde a la supuesta masacre, se mantenía seguro de que la zarina Alejandra y sus hijos seguían vivos. Muestra de ello es todo el despliegue diplomático que realizó desde Madrid para traerlos a España. Esto rompe con la versión oficial que afirma que el magnicidio se llevó a cabo en la madrugada del 17 de julio de 1918. Desgraciadamente, es muy poco lo que se ha escrito sobre todo esto: Cortes Cavanillas, en su libro “Alfonso XIII y la Guerra”, menciona algo en alguno de sus capítulos. En años más recientes, un grupo de historiadores e investigadores de Europa y los Estados Unidos han trabajado arduamente para conseguir todos los documentos sobre el caso, tanto en el Archivo Vaticano, como en los records históricos de España. Marie Stravlo, una de las fundadoras de la Asociación Histórica de la Familia Imperial Rusa, contactó al historiador Seco Serrano y obtuvo gran cantidad de documentos que demuestran todas estas gestiones que a nivel diplomático realizaron el rey Alfonso XII y su ministro Eduardo Dato.

Actualmente existe una gran controversia en torno a la verdadera suerte de la Familia Imperial. La Iglesia Ortodoxa Rusa no reconoce unos supuestos huesos de los Romanov que fueron enterrados en 1998 en la Catedral de Pedro y Pablo en San Petersburgo. Dichos restos todavía están siendo analizados científicamente. El Archivo Histórico del rey Alfonso XIII, sobre este caso, y los documentos disponibles en El Vaticano podrían ser de gran ayuda para aclarar los eventos que ocurrieron en los últimos días de la dinastía de los Romanov.

Jonathan Iglesias
Historiador
Sevilla

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1 comentario

  1. Jaime Westendorp Arnaiz says

    Muy interesante y , poco conocida la labor del Rey Alfososo X111 en su lucha para ayudar a esa pobre Familia Real asesinada . Que pena .

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