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Alfonso XIII, el Ángel de la Guarda de las víctimas de la Primera Guerra Mundial

Felipe VI Letizia Leonor Sofia Juan Carlos Reino de España Casa Real española

Las guerras aveces dejan hazañas heroicas que pasan desapercibidas. Éstas, merecen la honra y homenaje de sus naciones, sin dejar que caigan en el olvido, que en el caso que nos centran, llegaron a salvar la vida a más de 91.000 personas y atendieron a cerca de 136.000, en la que se considera la primera Misión Humanitaria de la historia, que organizada por Alfonso XIII, consiguió el indulto de 102 condenados a pena de muerte; repatrió a millares de heridos y población civil; envió cerca de 25.000 informes de familias incomunicadas; llevó a cabo 250.000 investigaciones sobre prisioneros o desaparecidos en campos de batalla; mando realizar unas 4.000 inspecciones a hospitales y campos de prisioneros de ambos bancos; garantizó la inmunidad de los barcos-hospitales; llevo noticias a las familias de soldados; envió dinero, medicamentos y enseres a los prisioneros; y todo ello lo sufragó de su propio bolsillo. Pero España es como es y suele olvidar a sus héroes, más si esto puede hacer enorgullecernos de ser españoles y si a ello se suma que fue un Rey al que la historia, y los que la re-escriben, han tratado tan duramente.

Alfonso XIII, salvó la vida a cerca de 91.000 personas en la primera Guerra Mundial.

La Primera Guerra Mundial dejo un reguero de muertos por media Europa. Tras el atentado en Sarajevo del Archiduque Francisco Fernando de Austria, heredero del Trono Austriaco y la posición de las naciones unas enfrente de otras, la guerra estaba servida. El Rey Alfonso se encontraba en una difícil posición, ya que era amigo y familia de los soberanos enfrentados. Su madre, la Reina María Cristina, era austriaca y hermana del Archiduque Federico, Generalísimo del Ejército de Austria-Hungría. Los dos hermanos de su esposa, la Reina Victoria Eugenia, británica, desempeñaban altos cargos en los ejércitos aliados.

Los políticos españoles se declaraban a favor o en contra de uno y otro bando, algo que horrorizaba al joven Rey, que por aquella época contaba con tan solo 28 años. El Monarca pidió encarecidamente a sus Gobiernos, que mantuvieran una neutralidad limpia de toda sospecha y que se abstuvieran de hacer publicas sus antipatías o cercanías ante el conflicto que estaba destrozando Europa, por miedo a que su crueldad cruzara la frontera Pirenaica, ya que estaba siendo presionado para que el Reino de España interviniera en la misma.

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Las matanzas en los campos de batalla eran crueles y despiadadas, y los campos de prisioneros de guerra se extendían por toda Europa, llenos de soldados de un bando y de otro que tenían sus sentencias de muerte firmadas por el trato inhumano que recibían.

Todo comenzó por una lavandera francesa.

Al Palacio Real de Madrid llegó la carta de una lavandera francesa, que suplicaba la ayuda del Rey de España para localizar a su esposo desaparecido durante la batalla de Charleroi el 28 de agosto de 1914. Alfonso XIII, decidido a ayudar a aquella mujer, se puso manos a la obra, y tras movilizar a las embajadas del Reino de España en las ciudades de París y Berlin, logró localizar al hombre, que se encontraba prisionero en Alemania, e intermedio para que las autoridades le permitieran escribir a su esposa. De su puño y letra, el Rey respondió aquella valiente lavandera, comunicando que su marido estaba vivo.

Como era de esperar, el boca a boca de este gesto hizo el resto. Bajo el Título “Gracias al Rey ella encuentra a su marido” el periódico local Le Petite Gironde, el 18 de junio de 1915, se hizo eco de aquella noticia, destacando la ayuda humanitaria y desinteresada del Rey de España, lo que provocó que un gran número de personas de toda Europa comenzara a enviar cartas de peticiones al Palacio Real de Madrid. El artículo continuaba de esta forma: “Un acto emocionante del Rey de España; se merece el agradecimiento emocionado de una mujer, pero se atraerá sin duda una avalancha de solicitudes. Un soldado Girondino caía herido el 28 de agosto de 1914 en la batalla de Charleroi. Después no había noticias suyas. ¿Estaba muerto? ¿Estaba prisionero? Para saberlo, su joven esposa se dirigió en vano a todas partes. Al fin tuvo la idea de escribir directamente al Rey de España, Soberano de un país neutral. Alfonso XIII le respondió que haría todo lo posible para saber lo que había pasado con su marido. Las gestiones de Alfonso XIII acaban de ser coronadas por el éxito. El domingo pasado, la joven mujer recibía una carta personal del Rey anunciándole que su marido estaba prisionero en Alemania, y que no le habían permitido escribir a su familia. Alfonso XIII hacía mientras tanto lo necesario para que el prisionero fuera autorizado a escribir algunas palabras a su mujer”

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El Rey empezó a conocer la realidad que había detrás de la guerra. Miles de familias no tenían noticias de sus seres queridos y ni tan siquiera sabían si estaban vivos o muertos. Alfonso XIII no lo dudó ni un segundo, y en un primer momento, el mismo y su secretario particular, Emilio María de Torres, atendieron de manera personal las peticiones que fueron llegando. Había días que permanecían hasta altas horas de la madrugada.

Una labor humanitaria pagada con dinero personal de Alfonso XIII.

El aluvión de cartas era tal, que hubo que habilitar más estancias de Palacio y aumentar el personal, que llegó a tener tres diplomáticos y cuarenta empleados. La Oficina Pro-Cautivos, se fundo oficialmente un 24 de octubre de 1914 y contó siempre con financiación única y exclusivamente del patrimonio privada del Rey Alfonso XIII, que quería mantener neutral al Reino de España. Aportó un montante aproximado de 2.000.000 de pesetas de la época como financiación, que usó para pagar correspondencias, sueldos, compra de medicamento, libros y útiles para los prisioneros e incluso enviando dinero a quienes lo necesitaban. Usó sus buenos contactos y relaciones con los diversos países contendientes, sirviéndose de las embajadas para conseguir información de los presos y permitió poner en contacto a prisioneros de guerra de ambos bandos con sus familias, solicitar indultos a las penas de muerte y garantizar las atenciones sanitarias en los campos de concentración.

La oficina fue divida en diez secciones:

* Desaparecidos.
* Información y correspondencia en territorios ocupados.
* Prisioneros.
* Repatriaciones de militares graves y enfermos.
* Repatriaciones de población civil.
* Internamiento en Suiza.
* Indultos.
* Conmutaciones de pena.
* Remesa de fondos a individuos o familiares en territorios ocupados y aislados durante tiempo del resto de la unidad familiar.
Informes de las inspecciones de los delegados correspondientes en las embajadas españolas en Berlín, Viena y Roma.

Hubo momentos que al Palacio Real llegaban diariamente cerca de 20.000 cartas. Se clasificaban y distribuían examinándose todas por la Secretaría de Alfonso XIII. Según llegaban eran respondidas de forma inmediata informando que el Rey comenzaba a investigar el caso. El Monarca encomendaba al embajador de España en el país donde se suponía que estaba el prisionero la búsqueda. Si recibía noticias, se comunicaban de forma inmediata con la Familia.

Con la oficina montada, el Rey solicitaba que se le enviara a su despacho los expedientes más urgentes, y tras las ocupaciones sobre la política española, seguía trabajando para contestar cartas, solicitar favores y redactar informes.

La prensa europea y americana, comenzaba hacerse eco de toda la labor humanitaria que estaba llevando a cabo Alfonso XIII. En Francia, el periódico L´Echo de Paris escribía “Verdadero ministerio admirablemente organizado que ha prestado y presta a las familias francesas los servicios más señalados”, “No lo olvidaremos; no lo olvidaremos nunca. No tendríamos nunca suficientes palabras de agradecimiento hacia el Soberano que entiende así su deber neutral y ha hecho derramar lágrimas, pero lágrimas de alegría a muchas madres francesas”

En el diario Le Temps, se escribía: “¡Alfonso XIII acaba de conquistar el corazón conmovido de Francia! La obra del Rey es admirable: incluso cualquier alemán la encontrará admirablemente organizada; pero no es mecánica… Lleva el sello personal de quien la ha concebido, y se guía más por el corazón que por las reglas de la diplomacia… Es una obra, en fin, de intimidad, una obra de iniciativa privada… la educación que ha recibido el Rey es excelente: una educación de hombre. Hoy ofrece la prueba; porque la educación es una gran cosa, que no se conoce solo en las excelencias del buen trato. Hay también una caridad bien educada. Hay también una lealtad bien educada. Alfonso XIII ha dado a Francia todas las pruebas de amistad, sin menoscabar la más correcta neutralidad”.

A nosotros los franceses nos gustará recordarlo eternamente en su papel de Príncipe de la Caridad”.

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En L´eclair se podía leer “un Rey como Alfonso XIII, que ha sabido convertir una gloriosa bandera en un paño de lágrimas, merece el título de Caballero Real de la Caridad. ¡El Rey encantador! No sé cómo los sucesores de Velázquez le harán posar para la galería de El Escorial. A nosotros los franceses nos gustará recordarlo eternamente en su papel de Príncipe de la Caridad”.

Los periódicos británicos igualmente recogieron titulares y declaraciones del Rey. The Times escribía “El Rey Alfonso es uno de los más laboriosos Monarcas en Europa hoy. Ha sabido dar una admirable ocupación a la paz y a la neutralidad”. Recogieron también unas palabras del propio monarca. “Soy Rey de España, pero soy también Coronel de un regimiento británico: hago los que puedo por mis compañeros de armas”

El Daily Mail estadounidense titulo al Rey de España como “El Rey Caballero” o “Ministro supremo de cartas de amor en la guerra”.

En Bélgica, Le Xxme Siécla llamaba a Alfonso XIII “El buen samaritano de la Guerra”

Las fuentes que existen de aquellas intervenciones, dan unos resultados ciertamente extraordinarios para la época. Facilitó la ayuda a cerca de 122.000 prisioneros franceses y belgas, 7.950 ingleses, 6.350 italianos, 400 portugueses, 350 americanos y 250 rusos. En las repatriaciones, el número sube a 21.000 prisioneros enfermos y unos 70.000 civiles que volvieron a sus casas, salvando la vida de una muerte cierta en los campos.

Fue clave su intervención para que los submarinos no atacaran los buques hospitales, instaurando la inspección neutral por parte de militares españoles en las salidas y llegadas a puerto. Un mensaje firmado el 11 de septiembre de 1917, por el presidente de la Cruz Roja Edouard Naville enviado a Alfonso XIII decía “La Conferencia aprecia con satisfacción que los esfuerzos realizados por Vuestra Majestad para obtener el cese de las medidas de represalias sobre las naves-hospitales, han sido coronadas por el éxito. La Conferencia expresa a Vuestra Majestad su profunda gratitud por este nuevo servicio rendido después de tantos otros a la causa de la Humanidad

Intermedió directamente con los Emperadores Alemán y Austriaco para el cese de las represalias con los prisioneros franceses, consiguiendo que los enfermos de tuberculosis, fueran trasladados a Suiza.

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Dirigiéndose al Emperador Guillermo II de Alemania, en Abril de 1915 consiguió aplazar las penas judiciales impuestas a los franceses, aplicando la reciprocidad a los prisioneros alemanes en Francia.

Consiguió que 1.500 niños serbios volvieran a sus hogares desde el campo de concentración de Austria, siendo agradecido por el Rey de Serbia y su gobierno.

Pero no quedó solo en eso la labor de ayuda de Alfonso XIII durante la I Guerra Mundial. La comisión internacional “Cmmission for Relief in Belgium” realizaba numerosos envíos de alimentos distribuidos por la Cruz Roja belga, principalmente en su territorio y en el norte de Francia. Esta comisión estuvo patrocinada por Estados Unidos, España y los Países Bajos, pero al entrar en guerra los EEUU, desde Madrid se le dieron instrucciones al embajador en Londres, Merry del Val, para que ofreciera la posibilidad que el Reino de España se hiciera cargo de ella. Al deseo del Rey Alfonso XIII se sumó también el de la Reina Guillermina de los Países Bajos, por lo que el organismo cambiaría el nombre por el de Comité Hispano-Néerlandais pour la Protection du ravitaillement de la Belgique et du Nord de la France.

La única nota negra de aquella oficina, fue su destacable intento de liberar y llevar a España a la Familia Imperial Rusa, sin embargo, el asesinato de toda la Familia por parte de los Comunistas Rusos frustró estos planes. Este hecho causó al Rey una profunda tristeza.

Alfonso XIII siempre le quitó importancia a la grandísima labor que llevó a cabo para salvar la vida de tantas personas inocentes. Esquivaba hablar de todo aquello y lo emplazaba únicamente a su obligación como Rey. Pero los cientos de miles de personas que fueron beneficiadas por su ayuda, no quisieron olvidarlo jamás.

El día 16 de abril de 1931, dos días después del golpe de Estado que impuso la república en España, Alfonso XIII era recibido con multitudinarias manifestaciones de emoción y gratitud en París. Cerca de 10.000 franceses rompían las barreras de seguridad de la Gare de Lyón. Al bajar el Rey del tren, una ovación e incesantes giros de “Vive le Roi” inundaron su llegada.

El diario Le Figaró escribió. “París ha acogido ayer a la Familia Real española con más calor y entusiasmo como nunca lo había expresado en los tiempos en que Alfonso XIII reinaba más allá de los Pirineos. La Aureola de la desgracia es una corona que brilla para los franceses con más luz que todas las diademas del mundo… Pero hay otro sentimiento que es el que ha movido a la multitud de obreros, empleados, modistas, que ayer por la mañana fueron al Quai d´Orsay para aclamar a la Reina, y a la enorme masa de todas las clases de la sociedad que se apretaba por la noche en la Gare de Lyon para ofrecer al Rey el consuelo de una ferviente bienvenida: ¡el agradecimiento! Es una virtud francesa. No podemos olvidar aquella amistad del Rey y de la Reina de España, pendientes durante la guerra de nuestros heridos, de nuestros prisioneros, aliviando nuestra miseria. ¡Muy naturalmente el Rey y al Reina caritativos viven en nuestras memorias llevas de gratitud!”.

Cientos de miles de familias europeas se beneficiaron de la ayuda que prestó Alfonso XIII en nombre del pueblo español, pueblo que olvidó rápidamente el Rey que tenía y que hoy en día no guarda en su memoria colectiva, como el Rey Español se convirtió en el Angel de la Guarda de tantas y tantas familias durante la Primera Guerra Mundial.

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